MAMÁ, ¡CUÉNTAME LA HISTORIA DE MI VIDA!.

 

Así pasamos algunos ratos, recordando los detalles del encuentro con nuestro hijo colombiano Tomás. A él le encanta que le vuelva a repetir cómo nos conocimos, tras una larga historia de casi 5 años desde que iniciamos los trámites de adopción, en Julio de 1.995.

 

Le digo que papá y mamá querían tener un hijo y que como no lo consiguieron decidieron ir a buscar a un niño que no tuviera unos padres que lo cuidaran. Le miro mientras veo la ilusión en sus ojos, cuando le insisto en que tuvimos que pasar muchos trámites, mucho papeleo, muchos años, pero que al final, cuando lo tuvimos en nuestros brazos, no tenía importancia nada de esos largos años de espera, ni todo lo demás. Él se queda feliz imaginando la ilusión que sentimos al verlo en brazos de la Psicóloga del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Cuando volvemos a ver por enésima vez el álbum de fotos de Colombia, (¡ya manchado de papilla y potitos!) el pregunta, mimoso, señalándose ¿y ese quién es?, ¿cuántos años tenía yo ahí?....

 

Ya han pasado 3 años y 1 mes desde nuestro regreso a España desde Colombia (Bogotá, concretamente), pero lo recordamos como si fuera ayer. Vinimos, con algunos kilos de menos y envueltos en ropas de invierno, al aeropuerto de El Altet, a 47ºC. Era el 6 de julio de 2.000. El niño tenía 14 meses y venía chiquitín para su edad, más de lo que nos habíamos imaginado. No caminaba aún; pero lo intentaba ya, tenía las piernas torcidas, debido al raquitismo, la piel muy blanca (cosa rara porque Bogotá está a 2.600 metros de altura y había que tener cuidado con las quemaduras solares) y apenas si tenía pelo en su cabecita, ¡pero su sonrisa era preciosa y su risa contagiosa!, ¡era una preciosidad!...

 

En fin, deberíamos empezar desde el principio, pero la realidad y el presente son ahora más importantes y el pasado sin él nos parece inexistente.

 

1.- INICIACIÓN DEL PROCESO DE ADOPCIÓN.

 

Nosotros teníamos la idea de adoptar desde hacía varios años, pero no habíamos tenido oportunidad de empezar los trámites, ya que durante los últimos años teníamos trabajos en 2 provincias distintas: yo en Albacete y él en Alicante, y no nos pareció el momento idóneo para hacernos cargo de una criatura.

 

En Julio de 1.994 nos trasladaron a Murcia y ya nos pareció que era el momento; pues al menos uno de los dos vivía en la casa de Murcia.

 

En Julio de 1.995 asistimos a la reunión informativa para los padres que se celebra cada semana en el ISSORM. Allí nos dijeron que no aspiráramos a adoptar a 2 hermanos, que de uno en uno. No nos hizo mucha gracia que nos pusieran “trabas” ¡eso era solo el comienzo!.

 

Comenzamos los papeles con ilusión y pensamos en la adopción internacional, ya que nos comentaron el problema de la adopción nacional: no era adopción tan rápida, como en el extranjero.

 

El siguiente “problema” fue decidir a qué país del mundo iríamos. Por esas fechas nos llegó la invitación de boda de un primo mío con una chica boliviana. Así que pensamos que Bolivia podría ser una buena opción. Cuando llegó febrero de 1.996 nos llamaron del ISSORM comunicándonos que aunque teníamos el Certificado de Idoneidad había cerrado las tramitaciones de expedientes por cambios en la legislación y teníamos que escoger otro país. ¡Primer problema!. ¿A qué país del mundo iríamos?.

 

Entonces comenzaron meses y meses de pensar, de investigar en libros y enciclopedias, de escribir cartas a las Embajadas de Argentina, Polonia, etc. Algunas embajadas tardaron en responder, pero era desalentador. En Argentina había que vivir ¡2 años! En el país para poder adoptar a un menor ¡en fin!, esperar y esperar. Finalmente mi madre me proporcionó el teléfono de una amiga cuya hija acababa de venir de Honduras. Con un niño adoptivo.

 

Cuando por fin volvieron de Honduras, pudimos hablar con ella por teléfono y fue la que nos orientó hacia Colombia. Le estamos muy agradecidos; pues fue la primera ayuda que recibimos. Nunca nos hemos visto personalmente, ni vuelto a hablar, así que aprovecho para darle las gracias.

 

2.- ELECCIÓN DEL PAÍS: COLOMBIA.

 

Nos enteramos por ella de que Colombia llevaba muy bien los asuntos de adopción y que había una agencia colaboradora de adopción en Alicante que nos podría ayudar. Entonces comenzó la etapa de trámites con ADECOP. Nos hicimos socios y ellos nos gestionaron los papeles. ¡Por fin estábamos ya en el buen camino!. Cuando ya teníamos todos los papeles, en octubre de 1.996, me acerqué a entregarlos al ISSORM y entonces me dijeron: ¡“No en Colombia no, que lleva 2 años de retraso”!. Me sentó como un jarro de agua fría. ¡Ahora me lo decía!. Después de haber conseguido las legalizaciones y autenticaciones. Le contesté que no importaba, que esperaríamos. Por entonces habíamos visto en TV el famoso documental de los orfelinatos de China y el estado deplorable en que se encontraban sus niñas. Se nos había revuelto el estómago a todos y muchos españoles decidieron adoptar masivamente. Fue por eso un período de mucho trabajo en el ISSORM y eso nos “perjudicaba”, pues endentecía nuestro proceso. ¡En fin!. Éramos un país solidario y eso nos enorgullecía. Esperaríamos un poco más.

 

3.- LA ESPERA.

 

Así pasaron los meses y los años, llamando periódicamente al teléfono de ADECOP Alicante para que nos comunicaran cómo iban llegando niños colombianos. ¡Al menos parecía que otros si conseguían su sueño de ser padres!. Eso nos animaba.

 

Por entonces ya cumplimos los 36 años y nos comunicaron desde el ICB (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar) que teníamos que ampliar el intervalo de edad del menor que habíamos solicitado hasta 4 años. Así lo hicimos y perdimos 6 meses más en estos correos, que tardaban 2 meses en llegar a Colombia. Mientras tanto nos fuimos enterando de lo que eran el miedo y la ansiedad. Nos llegaban periódicamente noticias por TV de los secuestros de unos padres adoptantes en Colombia, los asesinatos de 20 feligreses en una iglesia, etc… Muchas noches teníamos pesadillas y sufrimos pensando en cómo estaría nuestro hijo/hija. Ya lo veíamos con 2 ó 3 años y muchas veces nos preguntábamos ¿qué estará haciendo ahora nuestro hijo?. ¿Estará bien cuidado?....

 

Más adelante nos comunicaron que ya había entrado nuestro expediente en la Regional de Bogotá. Preguntamos si eso era bueno o malo. Los de ADECOP nos dijeron que era bueno, pues era más segura la capital que las ciudades más pequeñas, donde podría haber guerrilla, pero que también sería más lento el proceso en Bogotá. Nos alegramos por lo de la seguridad que a decir verdad, nos preocupaba bastante.

 

Poco a poco nos fuimos haciendo a la idea de tener un niño de 4 años, que fue lo que parecía que iba a correspondernos por nuestra edad. Ya lo veíamos en el colegio y pensábamos en los compañeros del cole con los que jugaría. Esperábamos que no sufriera rechazo por su color de piel, pues cabía la posibilidad de que fuera de cualquier etnia. Eso lo teníamos muy claro desde el principio; no íbamos a escoger etnia. Todos somos de la misma especie y no hay razas, solo etnias con diferencias genéticas.

 

4.- LA ADJUDICACIÓN.

 

Hasta que un día en marzo de 2.000 nos enteramos de que nos habían adjudicado a un niño precioso.

 

No podíamos creérnoslo. ¡Tenía 11 meses, pelo castaño claro, piel clara, etc..!. De pronto saltamos de alegría y nos abrazábamos. ¡Era un bebé!, ¡Qué suerte!. De pronto nos dio miedo. No teníamos ni idea de cambiar un pañal, de hacer papilla y demás. No habíamos soñado con que fuera tan bebé. Había que decidirse y en 2 meses como máximo había que aceptar la adjudicación del niño e ir a Colombia a buscarlo. Había acabado la pesadilla de la espera, de las dudas, de la incertidumbre, ahora empezaban otras preocupaciones; el miedo a no saber cuidarlo, etc…

 

Enseguida llamé a mi madre, quién nos había apoyado desde el principio y había tomado nota de todos los datos que podía sobre agencias de adopción, etc. No se lo podían creer, estaba toda la familia feliz. ¡Por fin llegó el momento!.

 

5.- EL VIAJE A BOGOTÁ.

 

Enseguida fuimos a pedir permiso en el trabajo para poder ir a Colombia. Necesitábamos 1 mes, por lo menos de permiso. Mientras tanto fuimos a ADECOP a Alicante al “taller de padres”. Allí coincidimos con otras familias que también iban a viajar con nosotros a Colombia. Nos fueron muy útiles los consejos e informaciones que nos proporcionaron sobre el proceso de adaptación de los niños. Lo malo fue enterarnos de que había problemas con los viajes de vuelta. ¡Todos los aviones venían llenos de ecuatorianos y colombianos; pues iba a entrar en vigor la Ley de Extranjería en septiembre y querían venir a España antes de esa fecha!. No nos preocupamos demasiado, pues nos aseguraron que con un mes tendríamos tiempo suficiente para llevar a cabo el proceso de adopción y el billete de avión era de ida y vuelta.

 

El 1 de Junio de 2.000 nos fuimos al aeropuerto de El Altet. Allí nos llevó mi cuñado, quien se volvió con nuestro coche. Tras la consabida espera, llegamos al aeropuerto de Barajas. Allí conocimos a otra familia de ADECOP: Enrique y Mari-Carmen. Tras 10 horas de vuelo, hablando con ellos gran parte de ellas, llegamos a un país verde y lleno de color. Una Colombiana que estaba en el asiento de al lado, me dijo que eran flores, que ellos las cultivaban y exportaban. Nos pareció un paisaje bellísimo. Un paraíso. Mañana conoceríamos a nuestro hijo: era emocionantísimo.

 

Al llegar al aeropuerto de El Dorado en Bogotá, nos sorprendieron las medidas de seguridad y la cara de pocos amigos de la policía. Enseguida pudimos ver a una señora que venía a recogernos. Era la ayudante de la abogada. Con un miedo tremendo nos quedamos frente a su coche en la noche cerrada bogotana. Nos mirábamos. Había otra familia más. Iríamos las 3 juntas al Hotel. Bueno, eso era al menos lo que esperábamos. Entonces, tras una larga media hora de camino por calles principales, pudimos ver como la gente estaba muy seria, esperando el autobús en las paradas y me extrañó que no se miraban ni se dirigían la palabra entre sí. Luego supimos que era el miedo y la desconfianza “normal” en el país más peligroso del mundo.

 

En un principio nuestro pensamiento era hospedarnos en el Hotel Meliá, allí en la puerta se encontraba esperándonos la abogada y nos aconsejó ir a hospedarnos a casa de una señora, yo insistí en alojarnos en el hotel, pero al final accedimos a la propuesta de la abogada.

 

Esa noche llegamos a casa de dicha señora. Nos encontramos agotados, tras 10 horas de vuelo desde Madrid, en la madrugada del día 1 (había una diferencia horaria de 6 horas) en una casa con tres señoras extrañas y otra familia de padres adoptantes. Accedí de mala gana a quedarme allí esa noche pues me había hecho a la idea de ir al Hotel Meliá.

 

Claro que al pasar por allí nos comentaron que justo al lado de dicho hotel había estallado una bomba recientemente y vimos el aspecto quemado de la fachada.

 

¡No sabía que sería peor!.

 

Nos alojamos en la habitación de arriba. El suelo de madera temblaba y crujía bajo nuestros pies. Nos comunicaron que el agua del grifo no era potable y que si queríamos beber teníamos que bajar a la cocina, donde había un aparato purificador que la hacía potable. La luz mortecina de la casa y el aspecto del mobiliario le daban un aspecto siniestro. ¿O sería el cansancio?.

 

Pronto descubrimos que esa noche no íbamos a dormir. Los nervios nos impedían conciliar el sueño. Ya quedaban pocas horas para ir a ver al “niño”. Aún no habíamos decidido su nombre, pues pensábamos cambiárselo.

 

6.- LA ENTREGA.

 

A las 6 de la mañana se levantaban allí, ya que al estar en el Ecuador los días y las noches duran 12 horas. Nosotros nos levantamos y fuimos a desayunar abajo. A las 11:30 teníamos la cita en el ICBF, donde nos entregarían al niño. Un taxi vino a recogernos hacía las 10, pues Bogotá es una ciudad alargada de varias decenas de kilómetros de longitud, y el tráfico es denso.

 

Nos metimos en un taxi “de confianza” y nos dirigimos a un local pequeño, metido en un barrio popular. Al subir por una escalera vimos muchas familias colombianas que nos miraban con seriedad. Nada más llegar al piso de arriba, vi al fondo a una señora con mi hijo en brazos. ¡Es él!, ¡lo he visto! Le dije a Tomás.

 

Ella me dijo que no se le podía ver aún y me señaló con la mano que nos fuéramos hacia la habitación donde habían preparado globos y un banco para recibir al niño.

 

De pronto apareció la señora (luego supimos que era la psicóloga del ICBF) con un niño precioso en brazos. El tenía la mirada triste y asustadiza. Miraba tímidamente con la cabeza baja. No supimos que hacer. Ella dijo “Mira ahí está mamá y papá que han venido a recogerte y te quieren mucho”. Fue muy emocionante. Me lo puso en mis brazos y sin saber qué hacer con esa criatura tan pequeña le hablé con toda la dulzura que pude para tranquilizarlo. Enseguida se lo dejé tomar a su padre, que estaba también emocionadísimo.

 

Al poco le dimos una galleta, por si tenía hambre y le dimos un trenecito rojo que hacía ruido. El lo cogió todo con sus manitas tímidamente y no decía nada. Enseguida se durmió en brazos de su padre. En el taxi de vuelta pude sentir como el niño había confiado en nosotros durmiéndose en mis brazos durante la media hora de vuelta a “casa”. Estaba tan pequeño que toda la ropa que le habíamos llevado le quedaba grande y tuvimos que salir a comprarle un pijama más pequeño, pañales, etc.

 

Esa noche no éramos capaces de hacerle dormir en la cuna. No sabíamos qué costumbres tenía. Intentamos cogerle en brazos y no paraba de llorar. ¿Iba a ser dura la crianza?.

 

7.- LA ADAPTACIÓN.

 

Tras unos pocos días el niño y su padre se hicieron uña y carne, como si se conocieran de toda la vida. Jugaban juntos y se reían mucho. Yo estaba un poco “al margen”; pues se notaba que al niño le atraía más su padre. Me sorprendió un poco, pues pensaba que los niños pequeños preferían a sus madres. En fin mejor que sea así, pensé disfrutando de verlos felices.

 

Nuestras familias llamaban por teléfono para estar al tanto de cómo iban las cosas y para saber cómo era el niño. El se ponía al teléfono y decía alguna cosa.

 

Así pasaron los días lentamente. Allí salíamos a dar un paseo por las inmediaciones y así poder conocer los lugares más interesantes; las minas de sal de Zipeqirá, etc. Pasaron los 30 días y allí no se había movido ningún papel. Aún teníamos que hacer los trámites de adopción.

 

8.- LA SEPARACIÓN.

 

El permiso de mi marido se terminó y tuvo que regresar a España. Allí me quedé yo sola, en un país extraño, en una casa de unas extrañas con mi hijo, que no paraba de llorar por la marcha de su padre, que él vivió como un segundo abandono. No quería comer, no quería dormir y lloraba continuamente por las noches. Su mirada era triste y yo me sentía un poco frustrada. Lo peor era que no sabíamos si conseguiríamos salir del país, pues el billete de avión ya había caducado.

 

Cada mañana iba yo sola, con el niño en la silleta, media hora andando por las calles ya archiconocidas de Bogotá, hacia Avianca.

 

Era la rutina diaria. Teníamos que conseguir billete de vuelta a España. Allí había cola siempre y muchos padres españoles adoptantes nos conocíamos allí. Fue una semana angustiosa. En ese momento determinado quise salir del país hacia Paris o Londres. Mi hermana, desde Murcia me decía que no me preocupara que ella iba a ir a la agencia de viajes y me iba a preparar el regreso desde Paris ó Londres hasta Madrid. Yo lloraba de desesperación. Nunca creí que este proceso que parecía haber llegado a su fin, no tuviera el final feliz imaginado. Habían pasado más de 30 días y aún no tenía la sentencia de adopción, ni los pasaportes del niño para poder salir del país. Mi marido estaba en España y el niño había perdido la alegría. Yo tenía que luchar y alguna vez lloré mientras el servicio de la casa intentaba animarme.

 

Nunca me había parecido tan tétrica la casa como entonces. Me sentía atrapada, como si estuviera en una isla prisionera.

 

9.- LA VUELTA A CASA.

 

Por fin los papeles empezaron a solucionarse, con ayuda de la abogada y la dueña de la casa. El día 5 de julio de 2.000, después de estar llorando en el mostrador de Avianca, Iberia, etc, en el aeropuerto de El Dorado, conseguí billete de vuelta y cuando embarcamos en el avión no podía creérmelo.

 

¡Por fin volveríamos a España!, llevaba 4 horas en el aeropuerto con las maletas y el niño en brazos, suplicando que me llevaran los señores del mostrador de Iberia aceptaron facturarme el equipaje y en el último momento, también los de Avianca, así que hubo que pedir de nuevo el favor de cambiar el equipaje de un avión a otro. Cuando llegamos a Madrid me dijeron que el billete de avión había caducado. Yo le dije que si había conseguido llegar desde Santa Fé de Bogotá a Madrid, también llegaría a Alicante.

 

Me fui corriendo varios kilómetros con los múltiples bultos y silleta incluida, por el gigantesco aeropuerto de Barajas, ante la estupefacción del señor del mostrador de Iberia, quien no pensó que pudiera solucionar el problema del billete en tan solo esa media hora que faltaba para que saliera el avión hacia Alicante. ¡No pensaba darme por vencida!. Apenas sin comer ni beber, con mis 32 kilos de equipaje, conseguí embarcar, no sin aprovechar un par de minutos para llamar a casa a decir a mi madre que volvíamos antes de lo esperado y que fueran a recogernos al aeropuerto. Era la hora de la comida.

 

Mi madre avisó a mi marido, que venía del trabajo y ambos salieron de Murcia casi sin comer y en el aeropuerto me derrumbé y empecé a llorar cuando vi a mi madre saludarme con la mano entre todos los familiares de los viajeros que llegaban en ese vuelo. A su lado pude ver a mi marido, muy emocionado también.

 

Respecto a lo demás, quizá siga contándolo otro día. El niño se puso feliz al ver a su padre por fin. ¡No cabía su sonrisa en su cara!

 

Desde aquí agradecemos a Pilar y su marido la ayuda que nos prestaron, contándonos cómo les fue en Bogotá en la adopción de su hijo en Enero de 2.000. Nos sirvió de mucha ayuda ver que otros padres de Murcia habían conseguido llevar a cabo la adopción. También mantenemos el contacto con las 2 familias con las que convivimos un mes: Enrique y Mari-Carmen de Valencia y Mabel y Jesús de Valladolid. Ambos están ya con su segundo hijo adoptivo o esperando la adjudicación.

 

Espero que os haya sido útil nuestra experiencia.