“La adopción es un
encuentro de dos deseos muy fuertes”
Su único sueño era tener unos padres y sustituyó la
sensación de abandono por la ilusión de encontrar una nueva
familia. “Fui muy terca, lo reconozco, pero al final, lo
conseguí”. Eso le ocurrió a la escritora catalana Asha Miró,
cuando con sólo dos años ingresó en un orfanato de Bombay
(India). Cinco después se subió a un avión camino de
Barcelona para conocer a sus nuevos padres. Hoy, Asha, que
tiene 37 años, está casada y no quiere renunciar a que su
historia sirva para animar a más personas a adoptar
OLGA MAGISTRIS LÓPEZ
Asha vino al mundo dos veces. La primera hace 37 años en
un pueblo de la India llamado Nasik; la segunda, siete años
después en Barcelona, cuando la vida le regaló unos padres
nuevos después de pedir mucho por ellos a las monjitas de un
orfanato de Bombay. Allí conoció también a las gemelas
Fátima y Mary, sus dos hermanas. Por Mary fue que Asha pudo
encontrar un hogar. “Mis padres las habían adoptado a las
dos, pero Mary murió y entonces me adoptaron a mí. La muerte
de mi hermana me ha dado la vida”, explica la escritora y
periodista Asha Miró. La historia de Asha puede ser una de
las miles que corren por las calles de las ciudades indias,
pero es de las pocas que se recogen en un libro contado por
la propia protagonista. La hija del Ganges es el resultado
del reencuentro con sus orígenes y del diario que su madre
adoptiva escribió mientras esperaba su llegada.
Asha se quedó huérfana pocas horas después de nacer. Su
madre, antes de morir, le hizo prometer a una hermanastra
que cuidaría de la pequeña. Así fue durante meses, pero como
en la India la vida de una niña no vale nada, su tía,
presionada por algunos familiares, tuvo que dejarla a su
suerte. Tampoco su padre pudo hacerse cargo y, con dos años,
Asha terminó en Bombay, en manos de unas monjas españolas.
Cinco años pasó con ellas; cinco años pidiéndole siempre
lo mismo a la madre Adelina: unos padres. “Me siento
afortunada porque con el montón de niñas que hay en la India
en situaciones muy difíciles, yo tengo padres, familia,
trabajo, educación... Sí, soy una privilegiada”, reflexiona
Asha. Su voz, con el acento catalán que le ha dado su tierra
de adopción, es dulce, pausada, casi aniñada. Con la misma
candidez explica lo que para ella fue, hace 30 años, llegar
en un avión sola desde Bombay, cargada de regalos para su
nueva familia y con los pies calzados por primera vez en su
vida: “Fue algo muy emocionante. Era como si ya los
conociera; es que la adopción es un sentimiento en el que se
encuentran dos deseos muy fuertes, el de los padres por
tener hijos y el de los hijos por tener unos padres, así de
natural”.
Al cumplir los 27 años volvió a la India como cooperante
de una ONG. “De esa manera podía devolver todo lo que recibí
de mi tierra: mi color de piel, mi carácter tranquilo, el
gusto por los colores chillones (visto muy india) y las alas
para volar a otro mundo; aunque fue duro enfrentarme a ese
primer viaje, lo cierto es que me sirvió para conocer de
dónde venía y por qué soy como soy”, comenta. Asha repitió
visita al poco tiempo y fue entonces cuando las monjas del
orfanato en el que se crió le hablaron de la existencia de
una hermana biológica.
Dos Asha para dos
tierras complemente distintas
Asha Miró no para. Desde que publicó su primer libro, La
hija del Ganges, recorre Barcelona y alrededores en taxi a
ritmo vertiginoso sin perder la dulzura. Es su particular
forma de llevar su historia por todos los rincones para
abrir conciencias. “Hay que sensibilizar a la gente de todos
los problemas del Tercer Mundo; cuando tenga hijos, tanto a
los adoptados como a los biológicos les contaré que hay
niños que tienen que luchar todos los días para sobrevivir”,
comenta muy seria la escritora indo-catalana.
Después de La hija del Ganges y tras volver de la India y
conocer a su hermana biológica, también llamada Asha, la
catalana editó Las dos caras de la Luna. En él cuenta cómo
fue aquel encuentro entre ambas, la extrema felicidad que
sintieron al verse y las terribles diferencias culturales y
económicas que las dos simbolizan. También relata que ella
(la occidental) se llamaba Ushia, pero que su padre pensó
que le daba poca fuerza aquel nombre y los intercambió entre
las dos hermanas.
La idea resultó sólo a medias porque en el pueblo
terminaron llamándolas a las dos Asha. Hoy, ese nombre con
sangre común vive a ambos lados de la Luna recorriendo vidas
completamente distintas pero felices. Asha y Asha volverán a
verse muy pronto las caras en Barcelona, donde su hermana
mayor (la oriental) pasará unos días en su casa.
Mientras tanto, la periodista sigue trabajando de la ceca
a la meca, promocionando sus libros y el documental que
grabó durante su segundo viaje y aconsejando a muchos padres
dispuestos a adoptar que se decidan por niños mayores.
“Ellos tienen la misma capacidad que los demás para
adaptarse y tienen mucho que ofrecer”, comenta. En febrero
publicó Los cuatro viajes, un libro donde explica a los
niños la palabra adopción,
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LOS LIBROS. El primero fue La hija del Ganges, en el que
narra su historia, desde que nació hasta que encontró a su
nueva familia. Tras su segundo viaje a la India, Asha
publicó Las dos caras de la Luna, en el que recoge la
experiencia de haber encontrado a una hermana biólogica con
su mismo nombre. También ha sacado a la venta un documental
en DVD donde recoge el encuentro entre ellas. El último, Los
cuatro jinetes, es un libro para niños donde explica la
palabra adopción.
SU TRABAJO. Asha ha trabajado como maestra en Barcelona
algún tiempo. Ahora está volcada en distintos programas de
asesoramiento en temas de adopción y, como periodista, en el
departamento de prensa del Fòrum Barcelona 2004. Ella será
la presentadora del canal de televisión del Fòrum.
Las mujeres en la India
”Mi primer viaje fue muy duro. Nada más bajar del avión
recibí una bofetada de aire caliente y una visión muy
desagradable y caótica de Bombay. Pero al cabo de los días
te das cuenta de que lo más bonito que tiene la India es la
gente. Es alegre, hospitalaria, feliz, buena gente”, explica
Asha de su propio país.
La India es uno de los países más poblados de la Tierra
(1.000 millones de habitantes). Su sistema de castas
jerarquiza la sociedad y establece clases sociales muy
marcadas. El único rasgo común a todas es el tratamiento que
se le da a la mujer, cuya vida tiene menos valor que la del
hombre. Esta forma de entender la vida, unida a la miseria
que afecta a más del 70% de la población, multiplica el
número de abandonos de niñas.